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Las gestiones de países de Medio Oriente, con Turquía a la cabeza, salvaron lo que, en las primeras horas del miércoles, parecía el colapso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, incluso antes de que se sentaran a la mesa.
Según ha trascendido, la mediación de líderes árabes aseguró que el encuentro de este viernes tenga lugar en Mascate, capital de Omán. Pero en la víspera, las diferencias persisten sobre el formato de los diálogos y su alcance.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, dejó claro que Washington pretende que las conversaciones vayan más allá de lo nuclear para discutir sobre el programa de misiles balísticos de Irán, su respaldo a grupos en la región y el “trato a su propio pueblo”, en referencia a la mortífera represión a las recientes manifestaciones.
Irán, en tanto, ha remarcado que solo está dispuesto a abordar su desarrollo nuclear, con la premisa de conseguir un levantamiento de las sanciones internacionales, que Teherán considera injustas.
El programa nuclear iraní, histórico punto de tensión
Este es el único aspecto sobre el que tanto Estados Unidos como Irán están de acuerdo en negociar, aunque con objetivos distintos.
La tensión en torno al desarrollo nuclear de Irán se remonta a 2003, cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) declaró por primera vez que la República Islámica incumplía el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).
Este pacto respeta el derecho de Teherán a contar con un programa de energía nuclear civil, pero le prohíbe utilizar esos mecanismos, sobre todo el enriquecimiento de uranio, para desarrollar armas atómicas.
Tras presionar a Irán con una combinación de sanciones y diplomacia, las potencias occidentales junto con China y Rusia firmaron en 2015 el acuerdo nuclear para restringir el programa nuclear iraní a cambio de flexibilizar las sanciones.
Sin embargo, ese entendimiento alcanzado durante la presidencia de Barack Obama fue duramente criticado por Donald Trump, que lo abandonó en 2018, durante su primera presidencia.
Desde entonces, Irán, que insiste en que su programa nuclear es pacífico, ha llegado a enriquecer uranio a niveles cercanos al 60%, siendo el único país del mundo que alcanza ese umbral sin tener un plan de armas nucleares. Se necesita uranio enriquecido al 90% para el desarrollo de bombas atómicas.
Si bien después de la guerra de 12 días entre Israel e Irán en junio pasado, en la que EE. UU. bombardeó instalaciones nucleares iraníes, Trump aseguró que esos sitios estaban “destruidos”, el alcance de los daños sigue siendo incierto. En noviembre pasado, oficiales iraníes aseguraron que los ataques habían detenido la producción de uranio enriquecido, pero estos sitios no han podido ser inspeccionados por la OIEA.
Aunque en Mascate se espera que este tema lidere las conversaciones, en el pasado, Trump ha reclamado una prohibición total del enriquecimiento de uranio a Irán, una posición maximalista que Teherán rechaza.
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Misiles, ‘Eje de la Resistencia’, represión: los temas que EE. UU. quiere incluir e Irán no
Las capacidades de misiles balísticos de Irán, que cuenta con uno de los arsenales más grandes de Medio Oriente, es una de las “líneas rojas” de Teherán de cara a los diálogos con Estados Unidos.
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araqchi, le remarcó el 30 de enero pasado, cuando dijo que “las capacidades defensivas y de misiles de Irán nunca serán objeto de ninguna negociación”.
Sin embargo, Marco Rubio aseveró el miércoles que unas conversaciones significativas tienen que incluir “el alcance de sus misiles balísticos”.
En esa postura estadounidense hay, además, una influencia de su principal aliado en la región, Israel, que ha trasladado a la Administración Trump su desconfianza sobre esta ronda de negociaciones.
Aunque se vanaglorió de haber reducido el stock de misiles de Irán durante la guerra de 2025, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sostuvo en enero que el intento de la República Islámica de “construir armas nucleares” y “20.000 misiles balísticos” son como “dos tumores malignos”.
Otro punto que Estados Unidos, en sintonía con Israel, quiere incluir en las negociaciones es la reducción de la influencia iraní en la región, que Teherán ha proyectado con su apoyo a grupos armados.
Conocido como el ‘Eje de la Resistencia’, Irán ha respaldado a Hamás en Gaza, a Hezbolá en Líbano, a los hutíes de Yemen y a milicias en Irak. Ese ‘músculo’ iraní ha quedado debilitado por los mortíferos bombardeos israelíes que han devastado Gaza y amplias partes de Líbano, sobre todo el sur, y por la caída del régimen de Bashar al-Assad, aliado de Teherán, en Siria.
Sin embargo, Estados Unidos pretende reducir aún más su influencia, sobre todo en Irak, donde según Reuters, Washington ha amenazado con sanciones al país –incluyendo un potencial impacto en sus ingresos petroleros, vitales para la nación– si grupos respaldados por Irán son incluidos en el próximo gobierno.
Por último, y no menos importante, está la mortífera represión del régimen de los ayatolás a las recientes manifestaciones, que causaron al menos 6.200 muertos según estimaciones de organizaciones de derechos humanos.
Este aspecto ha estado en el centro de las amenazas de Trump que han reavivado las tensiones entre Estados Unidos e Irán, con la posibilidad latente de que el mandatario estadounidense cumpla su promesa de atacar directamente a posiciones del liderazgo político iraní, con el objetivo –poco claro e impredecible– de desembocar en un cambio de régimen.
El miércoles, en una entrevista con NBC News, Trump volvió a advertir que el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, “debería estar preocupado”.
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Entre la presión de aliados y el temor a una puesta en escena
En este cara a cara entre Estados Unidos e Irán, Turquía ha tomado el rol de mediador, a menos en público. Su presidente, Recep Tayyip Erdogan, afirmó este jueves que están haciendo su mejor esfuerzo para evitar una escalada.
De hecho, Estambul había sido apuntado inicialmente como sede del encuentro antes de que las discrepancias casi hicieran colapsar los diálogos y, luego, fueran relocalizados en Omán.
El sultanato tiene tradición como lugar de encuentros e incluso ha sido anfitrión de reuniones el año pasado entre el enviado estadounidense Steve Witkoff y el canciller iraní Abbas Araqchi sobre el programa nuclear, que colapsaron cuando Israel lanzó su ofensiva en Irán en junio pasado.
Precisamente, su reubicación allí es un guiño al deseo de Irán de solo enfocarse en los diálogos nucleares, como ha ocurrido en otros encuentros en países del Golfo en el pasado. Mientras una fuente regional le aseguró a Reuters que los diálogos podrían ser mediados por varias naciones, Irán ha señalado que pretende que las conversaciones sean bilaterales entre Washington y Teherán.
Sin embargo, el temor es que, ante las notorias diferencias, las negociaciones se conviertan en una puesta en escena. De acuerdo al medio Axios, funcionarios de la Casa Blanca han apuntado que son “muy escépticos” sobre los diálogos y que accedieron a seguir adelante con ellos “por respeto” a los aliados regionales.
En tanto, Ebrahim Rezaei, portavoz de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, advirtió este jueves que “si los estadounidenses entran en las negociaciones con las mismas viejas instrucciones y, por ejemplo, exigen cero enriquecimiento o plantean demandas similares, hay que decir desde ahora que las conversaciones acabarán en un fracaso”.
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Con Reuters, AP y medios locales
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